La Alimentación y Salud

La salud depende de muchos factores y variables. Así por ejemplo, depende de la alimentación, de la calidad del agua que se consume, del aire que se respira, del estado emocional, pero también del entorno que rodea al individuo.

Las sociedades más formadas y educadas deberían ser más saludables, pero tal y como se ha organizado la vida en los países desarrollados en las últimas décadas, hay que concluir que se ha perdido mucha calidad de vida en aras de unas supuestas mejoras y ventajas que no son tales, sobre todo, desde el punto de vista de la salud.

Desde los tiempos más remotos, diversas culturas, filósofos, médicos y religiones han otorgado a la alimentación un peso muy importante a la hora de conseguir y mantener la salud. Herodoto, historiador griego del siglo V a.C. afirmaba que los egipcios creían que los alimentos constituían el origen de todas las enfermedades. Sócrates, recomendaba moderación en la comida y en la bebida, puesto que el ser humano sólo debía comer o beber cuando tenía hambre o sed. Hipócrates y su célebre frase, ‘que tu alimento sea medicina, y tu medicina sea tu alimento’. También Galeno, que consideraba que una adecuada elección de alimentos era fundamental para una vida larga y sana. El famosísimo Régimen Sanitatis Salernitanum, del siglo X, dice así: “Si te faltan médicos, sean tus médicos estas tres cosas: mente alegre, descanso, dieta moderada”. También, todas las religiones han asociado a lo largo de la historia los alimentos con la salud, imponiendo entre sus normas, la obligatoriedad de un ayuno, por ejemplo en la cuaresma cristiana.

Sin duda, la alimentación es un pilar fundamental de la vida, del mantenimiento y la recuperación de la salud. Y a día de hoy, sigue siendo un tema importante, que todas las culturas y todos los sistemas médicos consideran clave, si bien, no todos se ponen de acuerdo, lo que genera una gran confusión en la sociedad. La naturaleza es la mejor y mayor despensa, y ya nos ofrece en estado natural aquello por lo que debiéramos inclinarnos: frutas y verduras. La sensación de hambre verdadera se satisface con un alimento sencillo, en su estado natural y sin ninguna necesidad de condimentos ni preparados sofisticados. Debemos empezar a discernir lo que nos gusta de lo que nos conviene. Y cuando esto ocurra, nos daremos cuenta, que acabará gustándonos lo que nos conviene.

Las frutas y las verduras, no tratadas con pesticidas ni herbicidas, tienen azúcares, almidones, proteínas, minerales, vitaminas,… además de otras virtudes: los colores, los aromas, la energía vital recogida del Sol y la Naturaleza. Esta es necesaria para la buena vitalidad de nuestro cuerpo y también ayuda al equilibrio de nuestra mente y corazón. En los pueblos cuya alimentación es principalmente vegetariana, los niveles de colesterol en sangre suelen ser bajos, apenas padecen de tensión arterial alta y sus tasas de enfermedades cardiovasculares son bajísimas. El término ‘vegetariano’ deriva del latín “vegetus” y significa “completo, fresco, lleno de vida”.

Las sociedades más formadas y educadas deberían ser más saludables, pero tal y como se ha organizado la vida en los países desarrollados en las últimas décadas, hay que concluir que se ha perdido mucha calidad de vida en aras de unas supuestas mejoras y ventajas que no son tales, sobre todo, desde el punto de vista de la salud. Esta forma de comer actual, el abuso y la mala calidad de los alimentos frecuentemente utilizados, el exceso de grasas y proteínas, de hidratos de carbono refinados, da lugar a la aparición de diversas enfermedades de la civilización del consumo.

Adicionalmente, la presencia de contaminantes en un suelo supone la existencia de potenciales efectos nocivos para el hombre, la fauna en general y la vegetación. El tratamiento de los suelos de cultivo con pesticidas y demás químicos, o las precipitaciones ácidas (lluvia ácida) sobre el suelo, originan la liberación del ion aluminio, desplazándose hasta ser absorbido en exceso por las raíces de las plantas. Uno de los problemas con respecto a la alimentación es entonces el suelo en el que se cultivan los alimentos y la falta de nutrientes en los mismos. Por este motivo, se hace necesaria la ingesta complementaria de determinados nutrientes, por ejemplo, el magnesio, puesto que ya no se encuentra de forma natural en las cantidades necesarias para el organismo del ser humano. En el hombre, los efectos desembocan en intoxicaciones por metales pesados y por otros venenos, por tanto, en enfermedades, e incluso la muerte. Es por ello conveniente, tratar de consumir productos ecológicos.

Otro desequilibrio en la salud es provocado por los excesos. Parece que el ser humano vive para comer. Se consumen dulces, alcohol y proteínas animales en exceso, y pocas frutas y verduras, o de baja calidad. La moderación es clave para conseguir una buena nutrición. Al no excedernos en las cantidades, el sistema digestivo y los órganos funcionan mejor, sin llegar a agostarse, dejando suficiente energía para poder realizar sus funciones digestivas, de asimilación, de eliminación y desintoxicación, etc. Así ayudamos a que saliva, jugos gástricos, sales biliares, jugos pancreáticos e intestinales puedan realizar correctamente su trabajo de descomponer los alimentos.

Está demostrado que comiendo menos se está más sano. Nadie se muere por no comer un día, o por no cenar. Sin embargo, al revés, no se puede afirmar lo mismo: ya dice el dicho popular, ‘De grandes cenas están las tumbas llenas’. Dejar descansar de vez en cuando a nuestro sistema digestivo para que se recupere de los abusos, es garantía de salud. Por algo, el ayuno está contemplado en todas las ‘grandes religiones’, que lo imponían como una medida de higiene, aunque estuviera disfrazado de mandato, siendo realmente una medida para tratar de reestablecer los organismos de los fieles, dado que de forma voluntaria parecía que estos no cuidaban su salud.

En la alimentación el líquido que ingerimos también es importante. Realmente, lo único que nos quita la sed de verdad, es el agua. Y este debería ser el líquido que bebiéramos mayoritariamente y en la cantidad y calidad suficientes. Por tanto, deberíamos consumir agua mineral, no contaminada ni tratada con cloro ni otros deshechos químicos. El cloro es uno de los venenos tóxicos más fuertes para la vida biológica, pudiendo envenenar al ser humano progresivamente.

En el cuerpo tenemos un 73% de líquidos. No mantener este porcentaje, desencadena deshidratación, y dificulta y obstruye los procesos vitales del organismo. Bloquea los procesos bioquímicos y de eliminación. En función de la alternativa alimentaria de cada individuo, varían sus necesidades hídricas, lógicamente, puesto que un individuo vegetariano, a través de las verduras y hortalizas, ya está ingiriendo agua, mientras que un individuo carnívoro, deberá consumir más del doble de líquido que el primero, puesto que su organismo necesitará este líquido para poder disolver los alimentos densos y concentrados ingeridos.

Llevando una alimentación sana puedes llegar a disfrutar mucho más de la comida, el sentido del gusto se vuelve mucho más sensible. Se logra captar el gusto natural del alimento sin necesidad de añadir sal o azúcar, o cualquier otro condimento. Sea como sea, elijas la alternativa alimentaria que elijas, parece que es clave tener en cuenta los siguientes puntos a la hora de elegir el mejor alimento:

  • Debe tener energía vital, ser fresco.

  • Debe ser integral, completo, sin refinar.

  • Debe ser biológico, sin pesticidas, fertilizantes o conservantes.

  • Debe ser de temporada.

  • Que no produzca residuo tóxico (purinas, cadaverinas, ácido úrico, colesterol, etc)

  • Contemplar también el consumo de frutas, frutos secos y semillas oleaginosas.

 

  • Debe contener suficiente cantidad de verduras y hortalizas (minerales, vitaminas, agua, enzimas, etc).

  • Debe contener cantidad suficiente de cereales completos, ricos en carbohidratos, en proteínas y minerales.

  • Debe contener suficiente cantidad de legumbre. (ricas en proteínas, grasas de calidad, fitonutrientes, minerales)

  • Consumo moderado de alimentos animales o sus derivados.

Por último, beber agua en ayunas, para que limpie los intestinos y el estómago, los tonifique y los prepare para el posterior trabajo del día.

La kinesiología y la naturopatía te ayudan a averiguar qué es lo que le conviene a tu organismo, y a reeducar tu forma de comer.

Bárbara Lessmeister

Herbolario El Druida

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